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Stop al ciberbullying, no lo compartas

Stop al ciberbullying, no lo compartas

21/12/2018
educació, cultura i joventut

La campaña 12 lemas se centra en el ciberacoso

El término ciberbullying ha pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Pero, ¿sabemos realmente qué significa y qué implica? Este mes, la campaña 12 lemas de la Unidad de Prevención Comunitaria de Conductas adictivas de la Mancomunitat Camp de Túria se centra en el ciberacoso.

El ciberbullying o ciberacoso es el uso de medios digitales con la finalidad de acosar psicológicamente a otras personas. Sin embargo para que podamos hablar en propiedad de ciberbullying tienen que darse dos supuestos.

En primer lugar, el acoso se da entre iguales, es decir, entre niños, adolescentes o jóvenes de la misma edad y del mismo contexto social.

En segundo lugar, no se produce abuso sexual y no intervienen adultos en este tipo de delito.

Se puede definir como “el uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online principalmente) para ejercer el acoso psicológico entre iguales”. Por lo tanto, estamos ante un caso de ciberbullying cuando un o una menor atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas.

Hay que diferenciar el ciberbullying de bullying. En ambos casos se da un abuso entre iguales. Pero el ciberbullying atiende a otras causas, se manifiesta de forma diferente y sus estrategias de abordamiento y consecuencias también son distintas. Es muy problable que el bullying sea seguido de ciberbullying. También es posible que el ciberbullying pueda acabar en una situación de bullying, pero no suele suceder.

Como ejemplo de este delito podemos encontrar según publican en el sitio web ciberbulling.com (http://www.ciberbullying.com/cyberbullying/):

• Colgar en Internet una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes) datos delicados, cosas que pueden perjudicar o avergonzar a la víctima y difundirlo en su entorno.
• Dar de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente… y cargarle de puntos o votos para que aparezca en los primeros lugares.
• Crear un perfil o espacio falso en nombre de la víctima, en redes sociales o foros, donde se escriban a modo de confesiones en primera persona determinados acontecimientos personales, demandas explícitas de contactos sexuales…
• Dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad.
• Dando de alta la dirección de correo electrónico en determinados sitios para que luego sea víctima de spam, de contactos con desconocidos…
• Usurpar su clave de correo electrónico para, además de cambiarla de forma que su legítimo propietario no lo pueda consultar, leer los mensajes que a su buzón le llegan violando su intimidad.
• Provocar a la víctima en servicios web que cuentan con una persona responsable de vigilar o moderar lo que allí pasa (chats, juegos online, comunidades virtuales…) para conseguir una reacción violenta que, una vez denunciada o evidenciada, le suponga la exclusión de quien realmente venía siendo la víctima.
• Hacer circular rumores en los cuales a la víctima se le suponga un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso.
• Enviar menajes amenazantes por e-mail o SMS, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual provocándole una sensación de completo agobio.

España es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de los países donde más se practica el ciberacoso. La Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña publicaron un informe en 2017 un informe que pone en evidencia la importancia que está adquiriendo este delito en nuestro país. uno de cada cuatro casos de acoso escolar es ciberacoso. Esta proporción aumenta con la edad ya que a partir de los 13 años es uno de cada tres casos.

Además, las niñas sufren mucho más este tipo de abuso que los niños (70 -30%) y la edad media a la que comienza a producirse este acoso es a los 13 años.

En cuanto a la plataforma más utilizada es WhatsApp, con un 81% respecto a las demás vías.

La mayoría de las víctimas que sufren ciberbullying son españolas y pertenecen a familias convencionales y sin problemas económicos (en el 86% de los casos). Respecto a los acosadores, suelen estudiar en la misma escuela que sus víctimas, actúan en grupo y, normalmente, son de su mismo sexo.  En un 30,6 % de los casos de ciberacoso, este va unido a agresiones físicas.

A estos datos hay que sumar el hecho de que la mayoría de las víctimas no pide ayuda a un adulto hasta que ha pasado todo un curso escolar (habitualmente, a los padres)..

la Fundación Save the Children proporciona también información sobre la práctica de este delito en nuestro país tras la realización de una encuesta a más de 21.000 niños españoles: la mitad de ellos reconocieron haber realizado ciberacoso en alguna ocasión y muchos de ellos reconocieron no saber por qué lo hicieron.

Hay que insistir en que la comunicación entre padres e hijos es básica para que se genere el clima de confianza necesario para que los menores hablen de esta situación y pidan ayuda cuando se produzca algún tipo de incidente de estas características. También es importante que en el caso de que el menor sea el que ejerce este tipo de acoso, debe ser consciente de las consecuencias que sus acciones están provocando

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